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POR HECTOR MINAYA El Conde: “mi calle triste” “Ella se fue, todo murió/ todo acabó, ya nada existe/ ya no tiene un farol que... Turismo y estilo de vida

POR HECTOR MINAYA

El Conde: “mi calle triste”

“Ella se fue, todo murió/ todo acabó, ya nada existe/ ya no tiene un farol que la ilumine/ y todo es sombras y tiniebla igual que yo/ mi calle triste”, como los versos de este bolero compuesto por compositor dominicano Leonel Sánchez, así naufraga la vía icono de la Ciudad Colonial, la calle El Conde.

La más famosa de la zona, tiene su historia y lleva el nombre del entonces gobernador de La Hispaniola, Bernardino de Meneses y Bracamonte (conde de Peñalba), quien con sólo 2,400 soldados españoles salió victorioso frente a las fuerzas inglesas, dirigidas por el almirante inglés Sir Willian Penn, quien con 13,120 soldados invasores asedió la ciudad de Santo Domingo en 1655.

Además de ese vínculo histórico, en esa calle la actividad comercial entró a una nueva etapa, en la que hubo un cambio de modelo de negocios, de los tarantines informales a los establecimientos más organizados y una imagen comercial de mayor modernidad.

Ese desarrollo comercial convirtió esta vía en el centro de la vida social de la capital. Era lugar de reunión de la intelectualidad dominicana, costumbre que se mantuvo hasta hace poco tiempo.

También era el paseo obligatorio de las damas de la sociedad, de las clases alta y media, en las que lucían sus hermosas anatomías y los mejores atuendos.

Desde el comienzo del siglo XX se empezaron a construir modernos edificios, como el edificio Baquero, que fue terminado en 1928 y en el que se instaló el primer ascensor en el país. También fue remodelado el Palacio Consistorial. Además, fue levantado el edificio Diez y otros como Cerame, Savillón y Copello, este último durante la Guerra de 1965 sirvió de sede del Gobierno constitucionalista que presidió el comandante Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Esta calle fue peatonizada por primera vez en la Era de Trujillo, en 1960, pero volvió a su tránsito normal cuando mataron al “Jefe”.

Hasta la década del 1990 era la calle comercial más importante, no solo de la capital, sino de todo el país. En ella estaban los más exclusivos negocios, pero con la inclusión de tiendas en Naco y Piantini algunas de ellas salieron de esa vía. Además, por las construcción de plazas comerciales.

Transitar ahora por El Conde es una experiencia desagradable por los edificios abandonados y el regreso de los vendedores informales, que en forma desorganizada comercializan sus mercancías y ocupan espacios que debieran ser terrazas para los turistas que visitan la zona.

Se impone que la alcaldesa de la capital, Carolina Mejía y el ministro de Turismo, David Collado, intervengan para rescatar esta calle, esto sí, sin pensar en sus respectivos futuros políticos. Y como un acto de Estado le devuelvan el esplendor de antaño.

Ricardo Rosa

Periodista, labor que realizo desde 1970. He laborado en diferentes medios noticiosos (radio, televisión, periódicos impresos y digitales) tanto de Santiago como de Santo Domingo.

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