A José Francisco, con cariño A José Francisco, con cariño
POR RAMÓN DE LUNA Han transcurrido diecinueve años, pero hoy se recuerda con cariño y respeto al Dr. José Francisco Peña Gómez, líder popular... A José Francisco, con cariño

ramon-de-lunaPOR RAMÓN DE LUNA

Han transcurrido diecinueve años, pero hoy se recuerda con cariño y respeto al Dr. José Francisco Peña Gómez, líder popular de masas, de verbo encendido, ligado íntimamente a la actual política dominicana, quien junto a líderes de la talla del profesor Juan Bosch y el Dr.Joaquín Balaguer, dejó profundas huellas.

Fuimos amigos de José Francisco, a pesar de que su paso por la política estuvo casi circunscrito a Santo Domingo y muy pocas veces estuvimos frente a frente.

Pudo haber sido Presidente de este país, pero, a decir verdad, se encontró con el formidable muro del discrimen que, por su origen, le cerró el paso.

Fue odiado por el racismo y exaltado por las ardientes masas populares que vieron en él al conductor que las podía librar de seguir irredentas.

Cuando vino a Santiago para asistir a las honras fúnebres de la madre del Doctor Salvador Jorge Blanco, hablamos largamente en las inmediaciones del cementerio de la calle 30 de Marzo.

Allí nos mostró su eterno agradecimiento por las tantas veces que le habíamos defendido cuando su vida se vio en peligro y por el discrimen de cómo era tratado.

José Francisco fue el primer dominicano en hacer suyo aquel llamado de los militares de la Primera Brigada del Ejército Nacional, cuando con su recia voz llamó al pueblo a tirarse a las calles con el fondo del revolucionario himno de la Marsellesa
aquella tarde del 24 de Abril de 1965.

A pesar de su humilde origen, Peña Gómez salió de la oscuridad en que parecía le tenía reservado el destino; se educó y escaló los más altos peldaños que político alguno del solar criollo no había logrado para entonces y llegó a codearse de tú a tú con los más prestigiosos líderes mundiales, compartiendo el liderazgo de la Internacional Socialista con Olaf Palme, Mario Soares y otras elevadas figuras de connotado prestigio.

Pero, una grave afección corporal le fue minando, hasta morir un día como hoy con todo su cuerpo consumido. Su sepelio constituyó la más formidable demostración del amor que le tenía el pueblo, cuando en interminable caravana recorrió calles y avenidas de Santo Domingo hasta depositar su cuerpo en lo que sería su última morada.

Y a pesar de los denuestos, a pesar del trato inconsiderado de que fue objeto, sacó ánimo de su cuerpo ya exhausto para decir: “Yo los perdono…” frase que llegó a repetir, demostrando que a pesar de todo, su corazón no estaba contaminado por el odio.

El viejo amigo hoy descansa en paz y nos atrevemos a decir que el pueblo dominicano perdió con su partida, la oportunidad de haber sido gobernado por un hombre íntegro, honesto, quien a pesar de haber estado en la cresta de la ola que le dio el prestigio, se fue a la tumba sin haberse contaminado con el dinero sucio que pudo haberlo tenido por montones.

Ricardo Rosa

Periodista, labor que realizo desde 1970. He laborado en diferentes medios noticiosos (radio, televisión, periódicos impresos y digitales) tanto de Santiago como de Santo Domingo.

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